Las Guerras Cántabras. Hispania, la última en ser sometida.

De Hispania dijeron los romanos que fue la primera provincia en ser ocupada y la última en ser conquistada. Esta afirmación se debe a que desde que los Escipiones ponen el pie en la Península con motivo de la II Guerra Púnica, allá por el 218 a.C., hasta el 19 a.C., que finalizan las Guerras Cántabras; Roma tarda más de dos siglos en someter todo el territorio hispano. Valga como comparación que Julio Cesar conquistó la Galia libre en diez años.

Desde el final de las Guerras Celtiberas, con la caída de Numancia y la muerte de Viriato, hay un siglo en que Roma apenas avanza en su conquista de territorio y no se preocupa del norte más salvaje. Incluso, cántabros y astures servirán como mercenarios en algunas de las guerras de Roma. Será con la llegada al poder de Augusto, que necesita una victoria para reforzar su poder personal, que Roma vuelve los ojos sobre las tierras que aún quedaban libres.
El inicio de las Guerras Cántabras se establece en el 29 a.C., cuando el general romano Estatilio Tauro es premiado por Augusto por una victoria sobre estos pueblos. Tanto esta, como la de los siguientes años de Calvisio Sabino y Sexto Apuleyo, parece que fueron bastante precarias y que se les dio más propaganda de que la merecían. Es en el 26 a.C. cuando Augusto decide tomar la campaña de forma personal, pues en la nueva división provincial, Cantabria quedaba dentro de la provincia Tarraconense, que era una provincia imperial. Las provincias se habían dividido en

Monumento al cantabro en Santander.

senatoriales e imperiales, siendo estas últimas las que aún no estaban del todo sometidas y por tanto eran zona de guerra. Augusto, antes de partir hacia el norte hispano abre las puertas del templo del dios Jano, lo que significaba que Roma estaba en guerra.
Augusto llegó a Cantabria con 7 legiones y pronto inicia una violenta ofensiva. El territorio astur quedaba en la provincia de la Lusitania, pero también se sumaron algunas tribus a la lucha de los cántabros, mientras que otras colaboraron con los invasores romanos. La acción de Augusto sirve para tomar Asturica, Bergida, Peña Amaya y Monte Bernorio entre otras. Tras la derrota de Bergida, los supervivientes se retiran al Monte Vidio donde creen que es imposible que los romanos los alcancen por lo abrupto del terreno, de hecho, se atreven a decir que antes llegarían las olas del mar que las armas romanas. Pero los romanos, en lugar de atacarles, optan por cercarlos y dejar que los cántabros murieran de hambre y frío.
El sitio gran episodio de estas guerras es el sitio de Aracillum, en el 25 a.C. Nuevamente los romanos rodean la población, esta vez con 3 campamentos en los que se distribuían 5 legiones y con 20 kilómetros de empalizada y muros para que los cántabros no huyesen. Tras resistir todas las embestidas romanos, vuelve a ser el hambre la que vence a los cántabros, aunque antes de caer se suicidan muchos de ellos para no caer prisioneros.
Después de Aracillum parecía que la guerra había terminado, pues tanto cántabros y astures estaba muy mermados. Se licencia a muchos soldados romanos y se funda Emérita Augusta para su instalación en ella. Además se cierran en Roma las puertas de Jano. Pero al año siguiente, un nuevo conato de rebelión es solucionado por el gobernador de la Tarraconense, Lucio Emilio, con una gran represión, cortando las manos de todos los guerreros y destruyendo y esclavizando a todos los pueblos que habían apoyado la revuelta.
Pero, no acaban aquí las revueltas. Dos años después, con Augusto ya en Roma, el gobernador Cayo Furnio debe sofocar nuevas revueltas, destacando los hechos de Monte Medulio. Furnio, apoyado por Publio Carisio inician una nueva represión que vuelve a concentrar a los rebeldes hispanos en un monte. Una vez más los romanos utilizan la táctica de rodearlos con un foso para matarlos de hambre, solo que esta vez la resistencia llegará a límites no conocidos y la opción del suicidio se hará general. Las mujeres mataran a los niños y se lanzaran después a morir en el fuego. Mientras los guerreros se quitaran la vida envenenándose con el mítico tejo. Esto impresionó mucho a los autores romanos, que los recogieron en sus crónicas. Un ejemplo es Floro, que dijo:

“Por último tuvo lugar el asedio del Monte Medullio, sobre el cual, después de haberlo cercado con un foso continuo de quince millas, avanzaron a un tiempo los romanos por todas partes. Cuando los bárbaros se ven reducidos a extrema necesidad, a porfía, en medio de un festín, se dieron la muerte con el fuego, la espada y el veneno que allí acostumbran a extraer de los tejos. Así la mayor parte se libró de la cautividad, que a una gente hasta entonces indómita parecía más intolerable que la muerte …”

Tras este festival de sangre sí que parecía que al fin se había terminado la contienda. Los astures habían sido prácticamente exterminados y apenas quedaban unos pocos cántabros muy debilitados. Pasaron dos años sin incidentes, pero en el 19 a.C., una vez más, los cántabros demuestran su carácter indómito con más fuerza que nunca. Aquellos que habían sido cogidos con vida, fueron vendidos como esclavos en su mayoría en la vecina provincia de la Galia. Durante aquel tiempo habían estado alimentado su odio a Roma y no se sabe cómo, consiguieron ponerse de acuerdo para alzarse todos a la vez, matar a sus dueños romanos y volver a su Cantabria natal para encender de nuevo la llama de la rebelión. Al llegar allí se enfrentan con toda su furia a los destacamentos romanos y obtienen varias victorias, destacando la que le hacen sufrir a Publio Silio, en la cual la Legio I Augusta, una de las mejores legiones de Roma, pierde su estandarte del águila, la peor humillación posible y por lo que perdió el nombre de Augusta. El emperador, que a buen seguro no podía creer que esos bárbaros estuvieran de nuevo poniendo en jaque a sus tropas, decide enviar a la zona a su mejor general, su yerno Marco Vipsanio Agrippa, que tras muchos esfuerzos derrota de una vez por toda la resistencia cántabra. No fue una tarea nada fácil , como demuestra el hecho de que al volver a Roma Augusto le ofreció un triunfo y él lo rechazo por lo cara que le había costado la victoria.

Mapa extraido de http://www.cantabriajoven.com/

Los pocos cántabros que quedaban con vida fueron obligados a abandonar sus montañas y bajar al valle, pero este pueblo supo rehacerse y mantener su orgullo hasta la Edad Media. Muchos de sus descendientes, tanto de cántabros, como de astures, serán los que ayuden a Don Pelayo en su lucha contra el moro invasor 8 siglos después.

Notas:

1. No hemos hablado aquí del famoso Corocotta, no por lo dudoso de su existencia, sino porque hemos preferido centrarnos en los hechos de este pueblo en general y de su salvaje resistencia.

2.Hoy en día se celebran unas jornadas de reconstrucción histórica sobre las Guerras Cántabras en Los Corrales de Buelna a finales del verano. http://www.guerrascantabras.net/

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