1898, no todo fueron derrotas.

Del triste año de 1898 solo se recuerda la pérdida de nuestras últimas colonias, aquellas tierras lejanas dejaron de ser españolas tras siglos bajo nuestra bandera. Es de sobra conocido, que de no haber mediado la participación de Estados Unidos (tras la excusa de la explosión del Maine), muy diferente hubiera sido el resultado de las contiendas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Tras la declaración de guerra provocada por este suceso, la rápida intervención de EE.UU. cogió de sorpresa al gobierno español, que sin capacidad de reacción, apenas pudo enviar ayuda a las tropas destinadas en las colonias. Estas tuvieron que resistir a un ejército más numeroso y con sus bases de operaciones mucho más cercanas, especialmente en Cuba. Fue casi una guerra relámpago, decidida por dos batallas navales, las estrepitosas derrotas sufridas en los puertos de Cavite y Santiago de Cuba.

Por tierra, las tropas españolas, más escasas pero mejor preparadas, ofrecieron una ardua resistencia a los sorprendidos estadounidenses, que ya se estaban empezando a dudar de sus posibilidades cuando se produjeron las mencionadas derrotas en el mar.

Pero no todo fueron derrotas en el liquido elemento, hubo tres acontecimientos, tergiversados o silenciados por la fuentes de EE.UU., que cubrieron de gloria a nuestra Armadas, fueron los combates de Cárdenas, Manzanillo y Cienfuegos.

La explosión del Maine.

En Cárdenas, dos lanchas cañoneras españolas, la Ligera y Alerta y un simple remolcador, el Antonio López con un único cañón como arma, fueron capaces de derrotar a una flotilla americana formada por el torpedero Winslow, el guardacostas Hudson y el cañonero Wilmington, los tres con mucha mayor potencia de fuego. El peso de la batalla lo llevo el Antonio López, que gracias a su rapidez y acierto en el tiro desconcertó a los estadounidenses y dejó inutilizado el Winslow. Los americanos nunca dieron crédito a que un simple barco de un solo cañón les hiciera tanto daño y atribuyeron su derrota al ataque de poderosas baterías ocultas en la costa. El teniente de navío Montes, comandante del Antonio López, recibió por si acción la Cruz Laureada de San Fernando.

En Manzanillo los cruceros auxiliares de EE.UU. Hist, Hornet, y Wompatuck, tras perseguir a unas cuantas lanchas cañoneras españolas que se refugiaron en el puerto de dicho nombre, tuvieron que retroceder ante las habilidosas maniobras de estas pequeñas embarcaciones y finalmente retirarse con graves averías.

Por último, en Cienfuegos, se produjo un duro combate entre el cañonero español Diego Velázquez y el crucero americano Yankee. Basta solo comparar el peso de ambos navíos para ver lo desigual del combate, 180 toneladas el español por 6900 del norteamericano. Pese a esta inferioridad, el buque español que hizo una maniobra de evasión, tras llegar al puerto de Cienfuegos, consiguió el apoyo de las lanchas Lince y Cometa e hicieron huir a los americanos. Los americanos volvieron a justificar esta derrota falseando los datos, pues su comandante afirmó haber luchado contra un torpedero español de 600 toneladas fuertemente armado.

Manuel Deschamps

Mención aparte merece la hazaña del marino civil don Manuel Deschamps y Martínez, que a bordo del mítico barco conocido como el Català (aunque el nombre de este vapor era Correo Montserrat) se presentó voluntario para ayudar a las tropas españolas y consiguió romper en tres ocasiones el ferreo bloqueo marítimo que los yankees habían impuesto a las flota y tropas españolas de Cuba. Como a otros barcos civiles, se les había dotado de un escaso armamento que poco hubiera podido hacer en un enfrentamiento directo contra la flota yankee. La mayor hazaña la logró el 26 de abril, cuando arribando a Cienfuegos consiguió desembarcar provisiones, municiones y tropas. Así se narró en España en la revista “El Mundo Naval Ilustrado:
“Inmenso júbilo produjo en España la grata noticia de que el vapor Monserrat, mandado por el y bravo Capitán Deschamps, habia conseguido burlar la vigilancia y persecución de los innumerables barcos norteame

El Català

ricanos que en aguas de Cuba, ya que á otras proezas no se dedican, emplénse en dar caza á los buques mercantes. /…/…. Verdad es que Deschamps, según confesion propia, hubiera echado á pique, sin vacilar, el hermoso

v

apor, antes que ver ondeando en sus mástiles la bandera enemiga” (sic.).
Manuel Deschamps fue recompensando en vida por ello, pero el mayor reconocimiento le llego a título postumo, pues se le concedió el inmenso honor de ser enterrado en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, siendo el único marinero civil en ocupar allí un lugar.

 

Es una lástima, que como muchas otras veces, la acomplejada historiografía española calle estos hechos y acabemos por creernos la versión que viene de fuera.

Lápida de Manuel Deschamps en el Panteón de los Marinos Ilustres

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