O caja o faja. Juan Prim, el general político.

Fue el siglo XIX español un periodo especialmente prolífico en guerras, tanto de defensa contra el invasor, como civiles y sin faltar las exteriores. Asociadas a estas, se vivieron periodos de gran convulsión en la política, con idas y venidas de dinastías monárquicas, múltiples cambios de gobiernos y gran cantidad de pronunciamientos militares. Es el siglo en el que nace el fenómeno de los “espadones”, generales que se metían en política, ocupando cargos de todo tipo en el gobierno, o derrocando a este para traer uno nuevo. Esta figura del general político se hizo muy común en España, pero quizás hay uno que destacó sobre todos y ese es Juan Prim y Prats.

Prim nació en Reus en 1814, hijo de un notario que había servido como capitán en la Primera Legión Catalana durante la guerra de la independencia y que también combatió a los carlistas mandando el Batallón de Tiradores de Isabel II, retirándose como Teniente Coronel y volviendo a su notaría. Con 19 años sintió Prim la llamada de las armas

Prim y los voluntarios catalanes en la guerra de África.

y se alistó como soldado en el Batallón que había mandado su padre. Pronto destacó sobre el resto por su valor y fue promovido a oficial. No hizo esto menguar su empuje, sino muy al contrario luchó siempre en primera línea. Fue herido en la toma de Vilamajó del Vallés y ascendió a capitán poco después por meritos de guerra. Recibe su primera Cruz Laureada de San Fernando cuando captura en San Miguel de Serradell la bandera del 4º Batallón carlista. Sigue sumando heroicidades y es ascendido a Comandante cuando escala las murallas de Solsona y abre sus puertas. Otra valerosa acción en Angers le vale el ascenso a mayor de Batallón y se le concede el mando de la zona Solsona-Castellvell, de gran importancia para el paso de los convoyes carlistas. Sus acciones en esta área, en las que fue varias veces herido le llevaron a ganar su segunda Laureada y ser nombrado Coronel. Tenía solo 26 años, era bilaureado, había conseguido todos sus ascensos en guerra y lo más importante, era un mito entre sus hombres y un héroe popular.
Finalizada la contienda contra los carlistas, empieza su carrera política, la cual tocaremos aquí mínimamente. Enemistado con el General Espartero, al llegar el General Serrano al Ministerio de la Guerra, ascendió a Prim a Brigadier.
La oposición a Espartero había hecho surgir juntas revolucionarias en varias ciudades, siendo Barcelona donde más fuerte se hicieron. Para acabar con este foco se nombró a Prim gobernador militar y comandante general de la provincia. A los milicianos de la junta de Barcelona se les conocía como “jamancios”, de jamar, forma calé de decir comer. El núcleo más radical de esta junta conocida como “jamancia” era el batallón de la blusa”, formado por unos obreros que habían ocupado el cuartel de Atarazanas. Al intentar dialogar con ellos, Prim solo recibió burlas. Fue entonces cuando dijo la famosa frase de “o caja o faja”, refiriéndose a que o vencía y obtenía la faja de general, o moriría en el intento y acabaría en una caja mortuoria. Prim, pacificó tanto Barcelona como la provincia y otras zonas de Cataluña, por lo que consiguió su faja y además fue ennoblecido con los títulos de conde de Reus y vizconde del Bruch.

Prosiguió su carrera política con altibajos y enfrentamientos con los hombres fuertes del momento. En 1853 consiguió ser comisionado a la Guerra de Crimea como observador. Su espíritu inquieto no le permitía estar parado y no dejó de dar consejos a los generales turcos, que fueron bien apreciados, por lo que el sultán le regaló un sable de honor y le recompensó con la condecoración de Medjidie.

De vuelta a España continuó con su carrera política hasta que en 1859 el gobierno de O´Donell le declaró la guerra a Marruecos por unos incidentes en las fronteras de las ciudades españolas de África. A Prim se le otorgó un mando aparentemente secundario, el de la División de Reserva. Pero no era Prim un conformista, así que creó un batallón de voluntario catalanes con 466 hombres, a los que uniformó de forma característica, con el atuendo de los pageses catalanes y con la barretina como prenda de cabeza. Cuando los catalanes desembarcaron en África, Prim los recibió con este discurso:

” Soldats! Catalunya, que us ha dit adéu amb un gran entusiasme, les mares, els germans, els amics, tots us contemplen amb orgull. No deixeu mai en l’oblit que sou els dipositaris de la seva honra y la de tots els vostres paisans, aviat tindreu la dita d’abraçar altre cop a les vostres families, amb la front coronada de llorers; i els pares, les mares, les dones, els amics, diran plens d’orgull, al donar-vos una abraçada: Tu ets un valent català. Visca Espanya!”

“¡Soldados! Cataluña, que os ha dicho adiós con un gran entusiasmo, las madres, los hermanos, los amigos, todos os contemplan con orgullo. No dejéis nunca en el olvido que sois los depositarios de su honra y la de todos vuestros paisanos, pronto tendréis la dicha de abrazar otra vez a vuestras familias, con la frente coronada de laureles; y los padres, las madres, las mujeres, los amigos, dirán llenos de orgullo al daros un abrazo: Tu eres un valiente catalán. ¡Viva España!!

Destacaron en las famosas acciones de Castillejos y Wad Ras, siendo fundamental la acción personal de Prim en el cabo Negrón y en la Batalla de Tetuán, donde llegó a alcanzar el campamento de Muley Abbas. Pero es la de Castillejos la batalla que ha pasado a la historia, cuando en medio de la refriega, viendo que el Regimiento del Príncipe estaba en serias dificultades, agarra la bandera del Regimiento de Córdoba que se había mandado en su refuerzo y la enarbola con un discurso para la historia:

“Soldados podéis abandonar esas mochilas porque son vuestras, pero no podéis abandonar esta Bandera, que es de la Patria. Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas … ¿Permitiréis que el estandarte de España caiga en poder de los moros? ¿Dejareis morir solo a vuestro general? ¡Soldados! … ¡Viva la Reina!”

Acabado el discurso, sin pararse a ver si había hecho mella, se lanzó contra las líneas moras. Los soldados del Córdoba no le dejaron solo y le siguieron dando vivas al general y haciendo huir al enemigo.
Prim conocía bien la psicología de los soldados y la gente en general. Tampoco olvidaba que una buena acción tiene que tener una mejor propaganda. De ahí que se hubiera llevado becado a esta guerra a su paisano Mariano Fortuny, que tan bien supo retratarla para mayor gloria de Prim.

Acabada la guerra en África, su último gran mando de operaciones fue la expedición a México, cuando el gobierno de Benito Juárez suspendió el pago de su deuda, cosa que afectaba a España, Francia e Inglaterra. Debido a esto llegaron a un acuerdo para intervenir militarmente en territorio mexicano. Prim comandaba la fuerza española, pero pronto se percató que la intención francesa era poner como soberano a Maximiliano de Austria y apoderarse del territorio. Por ello Prim, pese a las críticas abandonó el país y volvió a España.

En los siguientes años Prim fue ganando cada vez más el favor popular, pese a que tuvo que desterrarse cuando las cosas pintaban mal; hasta que en 1868 fue el principal artífice de la revolución conocida como “La Gloriosa”, cuando aliado con el Almirante Topete y el General Serrano entre otros, vencieron a las tropas leales a la reina Isabel II y esta hubo de exiliarse a Paris.

Prim llegó a convertirse en presidente del gobierno en una época nada fácil de llevar. Una de sus misiones era conseguir un nuevo rey para España, pero se negaba a que tuviera nada que ver con los Borbones. Tras muchos intentos y varios ofrecimientos rechazados o retirados para no chocar con las potencias del periodo, consiguió que el duque de Aosta, Amadeo de Saboya, aceptara. Pero pocos días antes de que el nuevo rey llegara a Madrid, un 27 de Septiembre de 1870, Prim fue tiroteado dentro de su coche de caballos en la calle del Turco. Recibió cinco heridas y luchó contra la muerte hasta el día 30 murió al llegar la noche.

El Prim político podrá gustar más o menos, pero nadie podrá dudar del Prim militar, un catalán de Reus, orgulloso de ser español y que tanta gloria dio a sus armas.

Monumento a Prim en Reus, su ciudad natal.

 

Bibliografía: -A golpes de sable, de Gabriel Cardona.

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