Bernardo de Gálvez, un español héroe de Estados Unidos.

En nuestro personaje de hoy se juntan dos de las particularidades de nuestra nación y su historiografía. Por un lado, lo que tantas hemos denunciado, este hombre sería protagonista de mil películas en cualquier otro país. Por otra parte, triunfó en el siglo XVIII, ese periodo de la historia en el que parece que España no existía después de su esplendor imperial, y que, sin embargo, junto a otros hombres, como el inolvidable Blas de Lezo, volvió a llenar de gloria las armas españolas.
Bernardo de Gálvez y Madrid nació en un pequeño pueblo de la axarquía malagueña, Macharaviaya, en el verano de

Bernardo de Gálvez

1746. Pronto ingresó en la academia militar de Ávila, para con tan solo 16 años recibir su bautismo de fuego en la guerra contra Portugal, donde alcanzó el grado de teniente.
Su primer contacto con las tierras americanas se produce en 1762, cuando arribó ya como capitán del Ejército Real a Nueva España, conocida hoy como estado de Nuevo México. Allí guerreó contra los famosos apaches, que antes de embarcarse en las guerras contra los colonos yanquis del oeste, ya se estuvieron repartiendo estopa contra los españoles, que volvemos a recordar, a mediados del siglo XVIII, pese a quien le pese -y pese a los gobernantes patéticos e inútiles-, seguíamos siendo una potencia mundial de primer orden. Diez años estuvo allí, ascendió a comandante y no paró de batirse por su España hasta que regresó a ella para ser destinado a la ciudad francesa de Pau, donde aprendió su lengua. En 1775 participa en la infructuosa expendición contra Argel y asciende a teniente coronel. En 1776 vuelve a América, concretamente a la Luisiana Occidental, que desde hacía unos años antes pertenecía a España, cedida por Francia en compensación por la pérdida de La Florida en la Guerra de los Siete Años. Sus conocimientos de francés le sirvieron para ejercer el papel de gobernador en esta provincia, donde se dedicó a perseguir el contrabando inglés y comerciar con los franceses. En 1778 funda una ciudad a la que da su nombre, Galveztown, hoy Galveston.
Desde su llegada, fue el principal valedor de la recién iniciada Guerra de la Independencia de los Estados Unidos contra Inglaterra. Mantuvo conversaciones con los principales líderes de la rebelión, ayudo el tráfico de armas y hombres de los useños y bloqueo el acceso de los navíos ingleses por el Misisipi. En 1779 asalta las guarniciones inglesas de la Luisiana Oriental e impidió que su capital, Nueva Orleans, fuera atacada por los hijos de la pérfida Albión. Al año siguiente, destacó con la acción que le valió la toma del fuerte Charlotte, un sitio que duró dos semanas y que abría el paso hacia la importante Pensacola.
Estamos en un contexto en que las hostilidades entre Inglaterra y España sufrían continuos altibajos. Treguas y declaraciones de guerra se alternaban. En 1781, gracias a la mayor rapidez de los correos españoles, Bernardo de Gálvez se entera de una nueva ruptura de las hostilidades y se pone manos a la obra. Dijimos que tras la toma del fuerte Charlotte había quedado libre el paso hacia Pensacola y de Gálvez no tardó en aprovecharlo.

La Batalla de Pensacola.
Tras neutralizar las primeras defensas, el 9 de marzo de 1781 los españoles desembarcan fuerzas de infantería de Marina y ponen sitio a Pensacola. Solo eran 1500 hombres y contaba con muy poca artillería, por lo que vio que con esos medios no iba a poder tomar una plaza fuerte de ese tipo. Pide refuerzos a Nueva Orleans y a Mobila, otra ciudad cercana. Por su parte, el comandante inglés de la plaza, general Campbell, hace lo propio con Jamaica. Los españoles llegan a juntar 4000 hombres contra una posición bien defendida por 1800 ingleses y algunos centenares

Momento de la entrada de los españoles en el fuerte inglés

de indios aliados. Dentro de las fuerzas españolas, la escuadra estaba bajo el mando de José Calvo Irazábal, que al ver a los ingleses bien pertrechados en las defensas de la bahía se negó a que sus barcos entraran en ella por considerarlo un suicidio. Fue en estas que, Bernardo de Gálvez, tiró de valentía y a bordo de su buque estandarte, el bergantín Galveztown, no dudó en izar la bandera de Almirante para atraer todo el fuego inglés, y jugándoselo todo penetró en la bahía sin dejar de cañonear las defensas inglesas. El resto de barcos españoles, viendo como su líder iba solo a la muerte, no les quedó más remedio que por vergüenza torera ir tras él. Tras este episodio que no acabó con el sitio -pero que demostró que los españoles lo iban a dar todo por hacerse con la estratégica plaza-, siguió el asedio. Llegaron más refuerzos españoles fruto de las buenas gestiones de los mandos patrios. Así, con ya 7500 hombres, de Gálvez basa su estrategia en atacar en tres puntos escalonados. La lucha es encarnizada, los ingleses se defienden con valentía. El 8 de mayo, tras dos meses de asedio, una granada de obús lanzada a menos de 500 metros entra por la abertura de un polvorín inglés y provoca una gran explosión. El líder español ordena un ataque final aprovechando la coyuntura y los españoles toman Pensacola al asalto. La plaza se rinde y Campbell y los demás jefes ingleses caen prisioneros.

Fin de la guerra.

La caída de la estratégica Pensacola es un golpe mortal para los intereses británicos en el norte de América. Gálvez toma poco después la isla de Nueva Providencia en las Bahamas, acabando así con la última baza para la resistencia de Inglaterra contra los rebeldes norteamericanos. El Caribe es totalmente español, cosa que lleva a los norteamericanos al triunfo final.
Estaba de Gálvez preparando la invasión de Jamaica, lo único que les quedaba a los ingleses en el Caribe, cuando los ingleses se rinden y firman la paz con la nueva nación de Estados Unidos, Francia y España. Solo esto salvó a esta isla de haber caído en las manos del invencible Bernardo de Gálvez.

Estatua ecuestre de Bernardo de Gálvez en Nueva Orleans

A consecuencia de la paz del Tratado de Versalles, España recupera las dos Floridas. Fue tan importante el papel de Gálvez, que en el desfile de la victoria del 4 de julio, desfiló a la derecha del mismísimo George Washington. La nueva nación, supo agradecer el apoyo vital de este español ilustre. Por su parte, el monarca español, Carlos III le recompensó con los grados de Mariscal de Campo y teniente general gobernador de los nuevos territorios conquistados. Le otorgó también el título de Conde de Gálvez, Vizconde de Galvestown y el derecho a llevar en su escudo de armas su figura empuñando la espada sobre su bergantín y con la leyenda “Yo solo”, en referencia a su acción en la bahía de Pensacola. Además, al morir su padre, pase a ser Virrey de México.

No acaba aquí la historia de este hombre único, si como guerrero había destacado, no se quedó atrás como político. En su papel de virrey supo ganarse al pueblo y dejar un gran recuerdo. Iluminó las calles de las ciudades y destinó muchos fondos de la lotería y los impuestos a la beneficencia y al desarrollo de la ciencia.
Hoy en día es triste decir que es mucho más conocido en Estados Unidos que en su propia nación. Allí no se olvida su ayuda para la obtención de su libertad y cabe destacar también una estatura ecuestre suya en Nueva Orleans, donada a dicha ciudad por el rey Juan Carlos I. Al menos, aquí en España, en su provincia, Málaga, cuenta con una asociación cultural; mientras que en su pequeño pueblo se recrea la batalla de Pensacola todos los 4 de julio por grupo de reconstrucción histórica.

 

A continuación un video de dibujos animados en honor a nuestro héroe:

 

 

 

 

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