El Milagro de Empel. La Inmaculada patrona de la Infantería Española.

El 8 de Diciembre, fiesta nacional, se celebra en toda España la Inmaculada Concepción, patrona de nuestra nación desde que en 1760, Carlos III, consiguiera la bula papal “Quantum Ornamenti” de Clemente XIII. Pero, a su vez, la Inmaculada es la patrona del arma más gloriosa del mundo, la Infantería Española. Aunque no fue proclamada como tal hasta 1892, se la venera como protectora del arma desde un lejano 1585, cuando se produjo el Milagro de Empel.

Los hechos sucedieron en la Guerra de los Ochenta Años, en Flandes, allí donde se derramó tanta sangre española. Una de las principales fuentes sobre lo que sucedió, y en la que basaremos este relato, son los Anales del Capitán Alonso Vázquez.
Corría el 22 de Noviembre de aquel mítico año, cuando partía de Alost el conde Carlos de Mansfelt con tres Tercios españoles, los del Cristóbal de Mondragón, Francisco de Bobadilla y el de Agustín Iñiguez, llevando en total 61 banderas, además de una Compañía de arcabuceros a caballo mandada por el Capitán Juan García de Toledo. Una vez llegó a Bolduque hizo embarcar a las tropas para atravesar el río Mosa y dirigirse a la isla de Bomel bajo el mando único de Francisco de Bobadilla. El objetivo de esta maniobra –ordenada por el gobernador de los Países Bajos, el gran Alejandro Farnesio-, era cerrar el tráfico del río para que no llegaran refuerzos y suministros a la villa de Grave que deseaba tomar. Lo que no sabían los españoles es que se acababan de meter en una trampa mortal. Enterados los rebeldes holandeses de este movimiento, organizaron una escuadra de 200 naves muy bien armadas e inmediatamente cercaron a los españoles en la isla. Aunque Francisco de Bobadilla, que era un buen estratega, colocó hombres por toda la isla para defenderse de los ataques de la flota rebelde; no pudo evitar que estos comenzaran a destruir los diques del río Mosa, que transcurría a un nivel más alto que la isla. De esta manera, los españoles se vieron anegados por las aguas y tuvieron que concentrarse en un pequeño monte de 50 metros, Empel. Alejandro Farnesio tenía noticias de lo que pasaba en Bomel y no tardó en enviar refuerzos, pero el cerco de la armada rebelde era impenetrable tras la inundación. Tampoco fructifican los intentos desde dentro de lo que queda de isla. Pese a todo se consigue ocupar una pequeña isleta vecina y colocar dos cañones, mientras que Juan del Águila no deja de hostigar y hacer daño a los rebeldes desde el exterior. El Conde de Mansfelt consigue unas cuantas barcas para ir a rescatar a los sitiados, pero los rebeldes las localizan y acaban siendo pasto del fuego. La situación se vuelve cada vez más desesperada, los alimentos escasean y el frío es muy intenso. Los holandeses ofrecen a Bobadilla una rendición honrosa a los que este contesta con una frase para la historia:

“Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”

Mapa alemán de la isla de Bomel donde el monte Empel figura como Empleu.

Llega el 7 de Diciembre y Bobadilla reúne a todos sus capitanes y soldados para animarlos. De su discurso destacamos este curioso fragmento:

“por último remedio y más acertado, que volviesen todos sus corazones á Dios y le llamasen, suplicándole no fuesen parte sus muchos pecados y culpas para que dejase de mirar con sus ojos de misericordia aquellas pobres almas y banderas católicas que habian peleado por defender su santa Iglesia romana, y que les amonestaba y requeria olvidasen las cosas de este mundo y desde luégo quitasen la mala costumbre que algunos tenian de jurar”

Los soldados, algo más animados, prosiguen con sus trabajos de fortificación. Es entonces, cuando un soldado -mientras cavaba un hoyo para resguardarse del frío en el dique construido con tierra alrededor del monte- descubre una tabla flamenca con la imagen de María Inmaculada. Como en el monte había una pequeña capilla donde estaban colocadas todas las banderas de los Tercios, se coloca allí la imagen y se le canta una Salve. Esto infringe nuevos bríos a los españoles, que se niegan a morir como ratas apresadas en ese monte. Se habla de quemar todas

Francisco de Bobadilla.

las banderas para no darle el gusto a los rebeldes de tomarlas, e incluso de matarse entre ellos mismos para no caer en las sucias manos de los herejes. Parece que en aquellos momentos la sangre de Numancia y la salvaje resistencia de los hispanos, bullía en su interior. Francisco de Bobadilla debe de pedir calma y borrarles esas ideas, además, el es profundamente religioso y confía en que dios les salvará.
Mientras, por el exterior el Conde de Mansfelt y Juan del Águila inician un intenso cañoneo contra la armada rebelde, que debe aflojar el cerco sobre Empel por el daño que está sufriendo. Es en la madrugada de este día, ya 8 de Diciembre, cuando un intenso frío, como se conocía en la zona, acompañado de un gélido viento, congela las aguas del Mosa, se ha iniciado el milagro. Las naves holandesas quedan frenadas en su huída de los ataques del exterior y los hombres de Bobadilla aprovechan para salir del monte y atacar a pie a los horrorizados rebeldes que no dan crédito al giro de la situación. Tras sufrir bajas muy importantes y poder bajar por el río, gritaron a los españoles, en castellano para que les entendiesen, que tal parecía que dios era español, pues sino no era posible que hubiera obrado tal milagro. Así lo narra Alonso Vázquez:

“Cuando los rebeldes iban pasando con sus navíos por el rio abajo les decían á los españoles en lengua castellana, que no era posible si no que Dios era español, pues había usado con ellos un tan gran milagro, y que nadie en el mundo sino él (por su divina misericordia) fuera bastante á librarles de aquel peligro y de sus manos.”

No debemos olvidar la ayuda de Mansfelt y Juan del Águila para romper el cerco, ni la propia acción de los sitiados, pero lo cierto, es que esta súbita congelación de las aguas fue muy importante para la victoria española y aunque no fue hasta fines del siglo XIX que la Inmaculada fue patrona oficial de la Infantería Española; ya desde aquel día se la veneró como tal en los míticos Tercios.

 

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