Los Tercios Viejos.

Hacer un artículo de los Tercios requeriría muchas líneas por breve que fuese, pero vamos a tratar de explicar algo sobre el origen de estas míticas unidades que tanta gloria dieron al Imperio español. Para ello nos centraremos en los 3 Tercios Viejos, el de Nápoles, el de Sicilia y el de Lombardía. Recibieron el nombre de viejos por el hecho de ser los tres primeros en crearse, pero al extenderse este apelativo a Tercios de nueva creación se les pasó a denominar como Grandes Tercios Viejos.

La importancia de los Tercios empieza en el hecho de que son el primer ejército moderno europeo, es decir, que sus soldados son profesionales voluntarios, y no procedentes de levas con motivos de algún conflicto, como venía ocurriendo en la época. Su origen y primera aparición documental, se remonta a las reformas del Emperador Carlos V en 1534 y la Ordenanza de Génova de 1536 en la que se habla del Tercio de Nápoles y Sicilia, el Tercio de Lombardía y el de Málaga. Este último no fue permanente y acabó integrado en el de Cerdeña; mientras que el de Nápoles y Sicilia se separaron. Pero estas unidades no habían nacido de la noche a la mañana, pues eran herederas directas de las Coronelías con las que el Gran Capitán había dominado Italia y en las que la Infantería Española empezó a hacerse dueña de los campos de batalla. Estas unidades, por la ordenanza de 1495 ya eran de soldados reclutados y pagados para servir a los intereses de la corona española. De hecho, como veremos, parece que en 1509 ya había unidades denominadas Tercios.

Otra de las cosas en las que no se ponen de acuerdo los expertos historiadores de los Tercios, es en el origen de su nombre. Hay varias teorías. Una dice que es porque imitaban a las Legiones Romanas, otra que porque se componía de 3000 soldados, o que porque estaba dividida en tres grupos de picas, escudados y ballesteros o espingarderos. La última teoría dice que es porque en su origen fueron esos tres tercios viejos los únicos, aunque enseguida surgió el de Cerdeña. Que cada cual elija con cual se queda. El hecho es que en un principio el término se reservaba a la infantería, no extendiéndose a la caballería hasta 1649. Aunque con la llegada de los Borbones los Tercios pasan a convertirse en Regimientos, el termino se ha seguido aplicando a lo largo de la historia en varias épocas, hasta hoy en día que existen los Tercios de Infantería Marina y los más modernos, los cuatro de la Legión, homenaje de su fundador, Millán-Astray a estas grandes unidades.

Volviendo a los Tercios Viejos, estos eran mandados por un Maestre Mayor, teniendo cada uno 12 compañías de 250 hombres, mandadas cada una por un Capitán. Esto era la teoría, porque en la práctica, debido sobre todo a que estaban en constante conflicto y no podían reponer las bajas, las cifras eran mucho más bajas. Otra figura fija en los Tercios era la del Alférez, palabra árabe que significa “el que lleva la bandera”, y que de hecho era su misión, conservar la bandera del Tercio pasara lo que pasara. Hay crónicas que hablan de alféreces que habiendo perdido los dos brazos en el combate, agarraban el preciado símbolo con la boca y los muñones ensangrentados para que no se les fuera arrebatado. Por debajo del Maestre de Campo estaba el Sargento Mayor, que se encargaba de transmitir las órdenes de este a los capitanes del Tercio. Aparte en cada Tercio había un Sargento, encargado de la instrucción de la tropa; y varios Cabos, que mandaban sobre unos 25 hombres. Cada Tercio tenía además gente encargada de varios servicios, como el Furriel Mayor, que pagaba y alojaba a los soldados; los tambores y pífanos, que llevaban las ordenes del Capitán en el fragor de la batalla y marcaban el ritmo. No podían faltar los capellanes que se aseguraran de la paz espiritual de los hombres, ni los médicos que tenían como curiosos enfermeros a los barberos que hacían también veces de cirujanos, y a los que nunca les faltaba el trabajo en la agitada vida de un Tercio. De forma no oficial, a los Tercios les acompañaba siempre una gran parafernalia de vendedores y prostitutas para calmar los instintos de estos bravos guerreros.

El éxito de los Tercios es en parte ser la continuación de las ideas del Gran Capitán, que da la mayor importancia en el combate a la Infantería, frente a la hegemonía de la caballería en el Medievo. Pero también, los ciertos saben adaptarse rápidamente a la evolución de la guerra, y a medida que avanzan los años las armas de fuego van sustituyendo a las ballestas, siendo los arcabuceros los soldados más expertos y antiguos, dejando las picas a los noveles, de ahí que a los jóvenes soldados se les conozca como “picas secas”.

Pero volviendo a los Tercios Viejos, que fue de ellos, esta es su historia:

TERCIO VIEJO DE LOMBARDÍA: Conocido como El Osado. Se dice que fue el primero de todos y que era la élite del ejército español, según un capitán de la época “tercio padre de todos los demás y seminario de los mayores

Bandera del Tercio Viejo de Lombardía.

soldados que ha visto Europa en nuestro tiempo”. Era el encargado de controlar el norte de Italia, con sede en Milán y fortalezas en el Piamonte, Mantua y Castiglione, además de otras guarniciones. Tuvo que acudir a Flandes por lo delicado de la situación. Cae allí bajo el mando del conde de Mansfelt, un general alemán, algo que no hacía ninguna gracia a los soldados españoles. Este dio la orden de invernar en una de las islas del río Mosa, lo que hizo que los españoles pensaran que podrían caer de nuevo en una situación como la del “milagro de Empel”, solo que esta vez no hubiera tal milagro. Así que se negaron a obedecer, ya que además se les adeudaban muchas pagas, algo bastante normal en los Tercios. Aunque acabaron desistiendo, Alejandro Farnesio no les perdonó y quiso darles un escarmiento que sirviera de ejemplo, así que ordenó su disolución y distribuir sus hombres entre otros Tercios. El acto de la disolución consistía en plegar su bandera por el Alférez y romper el asta. El soldado y escritor Diego Duque de Estrada cuenta así la terrible escena: “algunos no pudieron detener las lágrimas a fuerza del deshonor; y los que tantas veces habían tolerado sus heridas con ojos secos, como ajenas, ahora traspasados con más penetrante dardo, entre suspiros y gemidos se rendían oprimidos al dolor y todos con pompa fúnebre lloraban al tercio como al difunto que llevaban al sepulcro”.

 

 

Escudo del RIL Tercio Viejo de Sicilia Nº 67

TERCIO VIEJO DE SICILIA: Conocido como El Valeroso. Ha permanecido hasta nuestros días. Como Tercio participó en muchas de las guerras del Mediterráneo, como la toma de la Goleta en sus inicios, el socorro a Malta en 1565 o la famosa batalla de Lepanto en 1571. Como no, lucho contra los franceses en Italia, estuvo presente en Flandes, en la Armada Invencible, en la guerra de Portugal de 1580 y siguió combatiendo durante todo el siglo XVII por el Mediterráneo hasta su transformación en Regimiento en 1707. En 1815, al absorber otras unidades se le cambia el nombre por África, hasta que lo vuelve a recuperar en 1897, cambiando su regimiento de número, hasta el actual 67 que recibe en 1966, cuando era un regimiento de montaña. Hoy en día se encuentra acuartelado en San Sebastián, tiene 476 años de historia. En 1797 consiguió el derecho de llevar en su escudo el lema “Valor, firmeza y lealtad”. Además tiene una Laureada colectiva por la Batalla de Huesca de 1837 en la I Guerra Carlista y con tres medallas militares colectivas por acciones en la guerra civil.

 

 

 

 

Escudo del RIL Soria Nº 9

TERCIO VIEJO DE NAPOLES: Conocido como El Sangriento. Hoy su heredero es el Regimiento de Infantería Soria 9 y es considerada como la unidad más antigua de Europa. Su origen se remonta a 1509, cuando Fernando el Católico envía a Italia el Tercio de Zamudio, mandado por Pedro de Zamudio. Por estar en Nápoles, parece que en 1513 es cuando se le empieza a denominar como Tercio de Nápoles. Participa en las guerras contra los franceses, destacando en la batalla de San Quintín y la toma de Amberes. Estuvo también en la malograda empresa de la Armada Invencible. Igual que le pasó al de Lombardía, un acto de insubordinación hace que en 1590 Alejandro Farnesio lo disuelva, pero lo reorganiza al año siguiente como Tercio de Brabante, y con este nombre recibirá el título del sangriento, por ser el famoso Tercio que no se rindió en Rocroi y que acabó con todos su hombres muertos o malheridos. Pasará a llamarse Tercio de Sangre. Recibirá el nombre de Soria al ser hecho regimiento en 1715. Desde entonces cambia numerosas veces de nombre y ubicación, estando actualmente en Fuerteventura. Merece por si solo un artículo mucho más extenso. Valga como resumen que tiene dos Laureadas colectivas, dos medallas militares colectivas y siete cruces de distinción. El solo hecho de ver su escudo produce escalofríos.

No finalizaremos sin recomendar un gran libro, el de Tercios de España, del gran escritor Fernando Martínez Laínez y el general José María Sánchez de Toca y Catalá. De ahí hemos sacado la mayor parte de la información.

 

Bibliografía:

Tercios de España de Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca y Catalá.
– http://www.amm2m.com/

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