La Batalla de Calatañazor, el fin de Almanzor.

Como Covadonga o Clavijo, nos encontramos ante otra victoria cristiana a las que muchos historiadores ponen en duda su existencia. Las únicas fuentes del enfrentamiento son de más de dos siglos después y parecen bastante contradictorias.
Corría el año 1002, cuando después de su aceifa número 56, el diablo Almanzor volvía, una vez más, cargado de botín a Córdoba. Durante el fin del primer milenio, este guerrero musulmán había frenado la reconquista y puesto en jaque a todos los reinos cristianos. León, Barcelona y un largo etcétera habían sido víctimas de los saqueos de Al-Mansur, el victorioso. Había incluso arrasado Santiago de Compostela, de donde robó las campanas de la antigua catedral, llevándolas a la mezquita de Córdoba. Dos siglos y medio después, hicieron el camino inverso tras la toma de la capital califal por parte del rey santo Fernando III.

Castillo de Calatañazor, a los pies del cual se libró la legendaria batalla.

Volviendo al inicio de esta historia, el anciano Almanzor parece que bastante enfermo, acampo a los pies del castillo de Calatañazor. Fue allí, donde un ejército cristiano, formado por la coalición del conde Menendo González de León, Sancho Garcés III de Navarra y Sancho García de Castilla, interceptó a las fuerzas musulmanas, mucho mayores en número. Para evitar que la inferioridad de hombres les llevara a ser envueltos, formaron una línea delgada que ocupaba todo el frente de batalla. La lucha, en un caluroso día de agosto, duró toda la jornada. Según los cronistas cristianos, Almanzor calló gravemente herido, por lo que sus hombres se retiraron, pudiendo los cristianos saquear su campamento, siendo esta la primer victoria sobre tan temido enemigo, que moriría poco tiempo después victima de las heridas del combate.
Como hemos dicho, hoy en día, no se cree esta versión. Los investigadores apuntan a que si que pudo haber un enfrentamiento, saldada como siempre, con una victoria de Almanzor, pero a un coste de vidas mucho mayor de lo que solía ser habitual. La buena actuación de las tropas cristianas y la muerte posterior de Almanzor a causa de una enfermedad, haría que naciera la leyenda. Se sitúa este hecho en la batalla de Cervera.
Fuera como fuese, lo cierto es que en el sentir popular, Calatañazor quedó en la memoria popular como el fin de ese diablo que tanto daño había hecho a la causa cristiana. Nunca después, el islam tuvo en España a un gran guerrero de tal calibre como el victorioso.

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