La Batalla de Simancas, el primer gran paso de la Reconquista.

Como aquí hemos contado, mucho son los que ponen en duda la existencia o la importancia de batallas como las de Covadonga, Clavijo o Calatañazor. Sin embargo, nadie pone en duda la gran victoria cristiana en Simancas, recogida incluso por las fuentes árabes, y que significó un paso definitivo en el avance cristiano hacia el sur, traspasando la frontera marcado por el río Duero y demostrando al mundo que España estaba dispuesta a desprenderse del yugo musulmán.
El gran protagonista de esta batalla fue el rey de León Ramiro II. El casus belli venía de tiempo antes. Ramiro II se

Ramiro II

estaba mostrando como un belicoso monarca y no dejó de organizar razias contra el territorio musulmán, llegando a atacar ciudades tan importantes como Madrid o Zaragoza. Precisamente el detonante del estallido de la furia de Abderramán III, califa de la época, fue por causa de esta ciudad. Ramiro II había apoyado a Hashim, el gobernador de Zaragoza, para que se rebelase al poder del califa y entrar a su servicio. Abderramán III tuvo que reaccionar y tras conquistar la estratégica Calatayud, volvió a tener en su redil la siempre rebelde provincia de Zaragoza.
No olvido el califa esta afrenta y decidió valerse de la proclamación de la Guerra Santa para organizar una gran campaña contra su enemigo cristiano y de una vez por todas acabar con su insolencia y sus correrías. Llamó a la campaña Supremo Poder y reclutó guerreros de múltiples lugares, desde mercenarios a fanáticos religiosos, hasta sumar la sorprendente cifra de 100.000 hombres, un ejército nunca antes visto en la época. Su objetivo era tomar Zamora, que por aquel tiempo era el corazón del Reino de León.
Por su parte, Ramiro II no se quedó quieto y busco el apoyo de sus aliados. Así consiguió que se unieran a su defensa el rey pamplonés García Sánchez I y los condes de Castilla Fernán González y Ansur Fernández.
Abderramán III se puso personalmente al frente de sus ejércitos y partió de Córdoba el 28 de junio del 939. En su camino, el 19 de julio hubo un gran eclipse solar que algunos ya vieron como el presagio de un gran desastre. Tras pasar por Toledo, el 1 de agosto llegó a la ciudad de Simancas, que era el primer obstáculo en el camino hacia Zamora. Ramiro II que no quería dejar más tierra libre para que fuera devastada por sus enemigos, junto todas sus fuerzas en las defensas de esta ciudad.
El califa estaba sediento de venganza y nada más llegar lanzo un ataque masivo de todas sus fuerzas. Durante cinco días los cristianos resistieron bravamente la ofensiva musulmana. Estos se iban debilitando cada vez más y su impotencia crecía al no poder tomar la ciudad. Parece ser que el gran número de generales que tenía Abderramán III no llegaron a entenderse y surgieron las envidias por ser un eslavo el que acaparaba más poder. Los cristianos habían sufrido mucho, pero aún eran más numerosas las bajas musulmanas, por lo que el califa optó por retirarse antes de perecer en aquel paraje. Creía que así, tras el castigo a la ciudad, quedaba a salvo su honra. Pero Ramiro II no era pusilánime que se conformara con haber salvado el reino. Viendo la retirada forzada del enemigo se lanzo en su persecución. Fue en una zona, hoy no localizada, llamada por las crónicas árabes como los barrancos de Alhándega, donde se produjo el desastre para los hombres del califa. Allí cayeron en una emboscada de los cristianos que les costó grandes pérdidas. El propio califa estuvo a punto de caer prisionero de no haber sido por sus hombres más fieles que le facilitaron la huida.

La masacre en los barrancos de Alhándega

La campaña le costó 20.000 hombres a Abderramán III, pero lo que más le dolía era el orgullo. Mandó crucificar a 300 hombres acusados de cobardía y nunca más se volvió a poner al frente de sus tropas.
Por su parte, la victoria cristiana -que atribuyeron a la aparición de los santos Millán y Santiago-, les sirvió para repoblar grandes zonas del Duero y dar un importante avance a la Reconquista. Era la primera gran victoria de las armas cristianas sobre las de los invasores y se abría así un periodo de esplendor para los reinos cristianos.
Ramiro II reinó varios años más, siendo lo más destacado el enfrentamiento con su antes fiel Fernán González, el conde que separó Castilla del Reino de León, abriendo así un episodio fundamental en nuestra historia.

 

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