La Dama de Arintero, la mujer caballero.

Vivía España unos momentos de incertidumbre, provocados por una guerra civil en la que se disputaba el trono de Castilla. Por un lado tenemos a nuestra Isabel I de Castilla, la católica; por el otro, la hija bastarda del difunto rey Enrique IV, Juana la Beltraneja. Esta última recibió la adhesión de muchos nobles castellanos y contaba con el apoyo de las tropas portuguesas, ya que era esposa del rey de ese país, Alfonso V. Los Reyes Católicos han de hacer un llamamiento a todos sus fieles. Uno de ellos era el hidalgo Juan García, natural de Arintero y veterano de las guerras contra los moros, en 1474 era demasiado viejo para acudir de nuevo al combate. Para desgracia suya sus 7

Imagen de la Dama de Arinteros que se encontraba en la desaparecida sala de las mujeres militares del antiguo Museo del Ejército en Madrid. Esa sala perdida en el “progre” nuevo museo del Álcazar de Toledo.

descendientes eran mujeres, por lo que no iba a poder ayudar a sus reyes, viendo caer la deshonra sobre su familia. Tan apenado estaba el anciano, que una de sus hijas medianas, Juana, decidió tomar el papel que a un hijo le hubiera correspondido. Con una gran fuerza de voluntad recibió un duro entrenamiento de dos meses en los que curtió su cuerpo y aprendió el oficio de las armas. Una vez estuvo lista, se pertrecho como un guerrero y partió a unirse a las filas de sus reyes. Llegó al campamento de Benavente y triunfó en su engaño al ser alistado como el caballero Diego Oliveros. Tras meses de campaña, participó con valentía en la toma de la rebelde Zamora y se gano el respeto de sus compañeros. Tras esto, los fieles a la Beltraneja, con el ejército portugués al frente, se concentraron en Toro, en torno a la cual se iba a decidir el futuro de la contienda. Era 1 de Marzo de 1475, cuando en Peleagonzalo, las tropas de caballería castellanas destrozan al enemigo. En la persecución el caballero Oliveros traba combate con un fiero enemigo. Pese a que lo desmonta del caballo, en el choque, Diego sufre la rotura de su jubón, quedándose libre un suave pecho blanco que hace descubrir a todos que en realidad están delante de una mujer. Salta pronto el escándalo y Juana es llevada ante la presencia del rey Fernando. Este queda muy sorprendido por como una mujer se ha desenvuelto todo ese tiempo con tanta valentía y destreza y le ofrece lo que ella quiera. Esta, humilde, le pide solo la libertad, a lo que el rey contesta que eso ya la tiene, que pida otra cosa. Es entonces cuando según los romances la Dama de Arintero le pide al rey:

“En ese caso, señor, hay algo que me gustaría pediros. Mi tierra os sirve tan generosamente que se está quedando sin varones y tiene que enviar a sus mujeres a la guerra, no consintáis que se despueble y libradla de los azotes de la guerra. No os pido que la libréis de los justos tributos de dinero; libradla de los tributos de sangre; haced que todos sus naturales sean hijosdalgo, y ello engrandecerá el reino”

El rey le expende un documento a Juana, en el que se recogen los siguientes privilegios para su villa:
– Arintero sería ahora solar conocido de hijosdalgos notorios.
– En las tierras de Arintero y en veinte leguas a la redonda no podría exigirse contribución de sangre o dinero; sus vecinos quedaban exentos del pago de tributos reales y del servicio militar.
– Los miembros del linaje y solar tendrían el privilegio de presenteros de beneficios.
– Que fueran Presenteros en la parroquia de Santiago Apóstol.
– Que los Presenteros tuvieran derecho a ser obsequiados con yantar por el rector de la parroquia.
– Que el Presentero más viejo llevase la ofrenda de la caridad todo el año.
– Que su categoría de Hijosdalgos la tuvieran aunque cambiaran de residencia, y referido a todos los vecinos de Arintero.
– Se concedía licencia real para celebrar todos los años fiesta y feria en el aniversario de la victoria ante las tropas portuguesas.

Parte Juana muy contenta hacia su pueblo, pero no acaba aquí su historia, pues el drama estaba por venir.
La reina Isabel hace ver a su marido que ha errado en su decisión, que tal como están las cosas, con tanto noble levantisco, no se pueden ir regalando privilegios de ese tipo así como así. Se envía por lo tanto una patrulla de seis hombres para que prendan a Juana y le arrebaten el legajo.
Nuestra heroína, que en nada podía sospechar este devenir de las cosas, se encontraba descansando en La Cándana, un pueblo a escasos 20 kilómetros del suyo, parece ser que jugando a los bolos con unos familiares. Pronto dan con ella los soldados y le piden los documentos. Esta se niega, y, previsora de lo que podía ocurrir, se los había dado a un primo suyo para que se los hiciese llegar a su padre.
Juana entabla un feroz combate contra los seis hombres. Unos dicen que murió valientemente en la refriega; otros que logro escapar y acabar sus días esposada con un noble asturiano. Quién sabe, para la leyenda ha quedado su nombre y el escudo de su pueblo la recuerda con este poema:

SI QUIERES SABER
QUIEN ES ESTE VALIENTE
GUERRERO QUITAD LAS
ARMAS VERÉIS SER
ES LA DAMA DE ARINTERO
CONOCED LOS DE
ARINTERO VUESTRA
DAMA TAN HERMOSA
PUES QUE COMO
CABALLERO CON SU REY
FUE VALEROSA.

Escudo de la villa de Arintero.

 

También quedaron unos versos en su recuerdo en el pueblo que presumiblemente la vio caer, en La Cándana aún se dice:

“La Cándana, pueblo triste
porque en tu recinto viste
morir la luz de Arintero.
Toda la montaña llora
la alegría de tus muros
y, en la Dama, a quien adora
mira sus timbres más puros”.

Existe una novela histórica de Antonio Martínez Llamas con el título de “La Dama de Arintero” donde se narra la vida de esta gran mujer.

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